Revolución en astronomía

La publicación de De revolutionibus de Nicolás Copérnico en 1543 marcó un punto de inflexión crucial en la historia de la astronomía. El erudito polaco definió un sistema del mundo en el que el Sol ocupa la posición central, mientras que la Tierra gira sobre su eje todos los días, realizando una revolución completa alrededor del Sol cada año. El rechazo de Copérnico al dogma de la centralidad e inmovilidad de la Tierra marcó un cambio radical no solo en el campo de la astronomía. Desplazado de su posición tradicional en el centro del Universo, el hombre se sacudió en su creencia en un cosmos diseñado expresamente para él y a su medida. La visión de Copérnico causó traumas demasiado profundos para que pudiera asimilarse fácilmente; solo unas pocas mentes iluminadas la aceptaron.

Las teorías del noble danés Tycho Brahe (1546-1601) gozaron de mayor popularidad. Tycho, un gran innovador en el campo de la instrumentación y en la organización de la investigación (estableció el primer observatorio digno de ese nombre), hizo una contribución multifacética a la reforma de la astronomía. Sus observaciones eran infinitamente más precisas que las de sus predecesores; demostró que los cielos no consistían en esferas sólidas, como se creía comúnmente en ese momento, sino que eran fluidos. Concibió un nuevo sistema mundial, que representaba un compromiso entre la teoría geocéntrica y la visión heliocéntrica. Según Tycho, la Tierra permanece inmóvil en el centro del universo; el Sol y la Luna giran a su alrededor, mientras que los otros planetas orbitan alrededor del Sol.